VIAS, FERROCARRILES y TELEFERICOS

jueves, 25 de julio de 2013

El maquinista: "voy a 190 (km.) voy a descarrilar"

«¡Voy a 190 y voy a descarrilar!» dijo uno de los maquinistas antes de que se perpetrara el accidente ferroviario más importante de las últimas décadas.

Todo en la investigación apunta a que fue precisamente el exceso de velocidad la causante de este desastre. Un error humano. «Somos humanos, somos humanos, espero que no haya muertos porque caerán sobre mi conciencia», se lamentaba en una conversación telefónica tras la tragedia que en estos momentos acumula un balance fatídico de 80 muertos y 140 heridos, 36 de ellos de gravedad.

En esta llamada a la RENFE minutos después de la tragedia y todavía entre los escombres el operario admitía su culpa: «Descarrilé, qué le voy a hacer, qué voy a hacer».

No queda claro a cuál de los dos maquinistas corresponden cada una de estas comunicaciones. Lo que sí es conocido es que ambos conductores salieron ilesos del siniestro y estuvieron participando en las tareas de rescate. Las palabras del operario descartan un posible atentado, como así lo dijo el Ministerio del Interior.

El tren descarriló en una curva a la entrada de la estación de Santiago, en el primer accidente mortal en una línea española de Alta Velocidad, el tercero ferroviario más importante de la historia de España y el más grave ocurrido en el mundo este año 2013.

Testigos presenciales precisaron que el convoy se partió en dos, y la máquina y los cuatro primeros vagones descarrilaron, otro intermedio voló sobre un terraplén hasta caer muy cerca de unas viviendas, y el resto volcó.

Las posibles razones

Aunque el exceso de velocidad del tren Alvia 730 accidentado ayer en las inmediaciones de Santiago de Compostela, y en el que han muerto hasta el momento 80 personas, es la hipótesis que cobra más fuerza, todos los expertos consultados por ABC coinciden en que «una sola causa es muy difícil que provoque un accidente de esta envergadura», como asegura Carlos Rejas, de la Asociación de Ingenieros Industriales de Madrid.

Aunque el exceso de velocidad del tren Alvia 730 accidentado ayer en las inmediaciones de Santiago de Compostela, y en el que han muerto hasta el momento 80 personas, es la hipótesis que cobra más fuerza, todos los expertos consultados por ABC coinciden en que «una sola causa es muy difícil que provoque un accidente de esta envergadura», como asegura Carlos Rejas, de la Asociación de Ingenieros Industriales de Madrid.

Sin haberse hecho públicos aún los datos de la caja negra, el delegado de Gobierno de Galicia, Samuel Juárez, declaró ayer que en el momento del accidente el tren iba a 220 km/h en un punto que, según los responsables de Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias), era de 80 km/h. Renfe, por su parte, declaró que el Alvia circulaba a 180 km/h, mientras que el conductor reconoció que tomó la curva a 190 km/h. Datos todos que igualmente implicarían que la velocidad era de más del doble de la aconsejable para esta zona.

«El accidente se ha producido en una zona de desaceleración, que no son consideradas de alta velocidad aunque se encuentren en vías habilitadas para ello, como era este caso. Las velocidades que se alcanzan en esos tramos no deberían ser altas, ya que en ellos se lleva a cabo una reducción permanente hasta que se accede a la estación. Hay que tener en cuenta que no es un tren que frene en un kilómetro, sino que precisa una distancia superior», explica el responsable de comunicación de Adif, Carlos Abad Martín.

Los expertos consultados por ABC no creen que la velocidad sea, en cualquier caso, la única razón por la que se produjó la tragedia. «En un accidente de este tipo suelen existir miles de circunstancias. Hay que estudiar aspectos como la dinámica de choque o la posición en la que ha quedado el tren. Que el maquinista fuera a mayor velocidad de la permitida no tiene porqué significar que el tren descarrilara. Puede haber otras causas como el estado de la vía, por ejemplo», asegura Jesús Vigil, presidente de la Asociación de Amigos del Ferrocarril, quien explica que, «en este caso, la velocidad debía ser muy reducida porque se trataba de una curva muy cerrada próxima al casco urbano. El tipo de curva, por lo tanto, también pudo influir».

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