Alguno de los funcionarios del Gobierno argentino tenía que pronunciarse sobre la catástrofe ferroviaria que ha conmocionado al país, y la ingrata tarea recayó sobre Pablo Schiavi. En un encuentro con la prensa, el ministro de Transporte indicó que en las próximas horas, los expertos revisarán la "caja negra" del tren accidentado para determinar si el conductor informó de alguna avería a la central de mando del Ferrocarril Sarmiento. "Hay suficiente material de investigación como para esclarecer en pocos días, cuáles fueron las causas de la tragedia. A primera vista parece que hubo un fallo mecánico pero no se descarta un error humano", declaró el ministro.
A la misma hora en que Schiavi hablaba a la prensa, un centenar de personas se había concentrado fuera y dentro de la estación, para protestar por el mal estado de los trenes en Argentina. "En vez de gastar plata (dinero) en subsidios para los que no trabajan, que inviertan en los que ponen el hombro y la vida", expresó uno de los manifestantes, aludiendo a los planes de desempleo que impulsa Cristina Kirchner.
Habían transcurrido once horas desde que se produjo el tercer accidente ferroviario más grave en la historia del país, y la presidenta aún mantenía silencio. "Es extraño que una gobernante que dice representar a los más humildes, no haya visitado los hospitales y ni siquiera haya dicho una palabra de aliento. Su silencio tendrá un coste político", ha afirmado Juan Fuentealba, columnista del diario ´El Tribuno´.
Pablo Schiavi, quien tuvo que poner la cara, reconoció que el tren llevaba un exceso de pasajeros, lo que en parte explica el elevado número de víctimas que dejó el siniestro. "A la hora de salida del tren (cerca de las 8 de la mañana) son muchos los que viajan a sus trabajos a la capital. Se calcula que iban más de 1.500 personas, lo que excede la capacidad del convoy", dijo el funcionario.
Venía frenando
En base a los testimonios de los viajeros, Schiavi determinó que en las etapas del recorrido no se registró nada inusual y que si hubo un desperfecto en los frenos, éste habría ocurrido dos o tres paradas antes del destino final: la estación de Once.
"A mil metros de donde ocurrió el accidente, el tren pasó de 47 a 39 kilómetros por hora, con lo cual venía frenando. A 300 metros de los parachoques ya estaba a 27 kilómetros por hora y entra a la punta del andén a 26 kilómetros por hora. A 40 metros de los parachoques estaba a 20 kilómetros por hora", ha precisado Schiavi. Sin embargo, la "incógnita" para el ministro está en el hecho de que el "tren paró 14 veces y la última vez no paró".
El ministro explicó que la mayoría de los pasajeros viajaban en los primeros vagones. "La gente tiene prisa por llegar a la salida de la estación para tomar el colectivo (bus) o ir caminando a sus lugares de trabajo. Ese fue otro de los factores que explican las dimensiones de la tragedia. Si el accidente hubiera ocurrido durante el feriado (que concluyó el martes) no hablaríamos de decenas de muertos y centenares de herido", manifestó Schiavi.
En cuanto al conductor, el ministro informó de que la ficha de Antonio Córdoba, de 39 años, no registra observaciones por exceso de velocidad. Córdoba fue rescatado de la cabina, media horas después del accidente y se encuentra en terapia intensiva.
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jueves, 23 de febrero de 2012
Un tren se descarrila en Buenos Aires
El hecho es el tercer accidente más grave en la historia de los trenes argentinos.
Al menos 48 personas mayores y una menor de edad murieron ayer por la mañana y unas 600 resultaron heridas cuando un tren, que transportaba entre 800 a 1.000 pasajeros, se descarriló en una de las tres estaciones ferroviarias más concurridas de Buenos Aires, según información de Defensa Civil. Aparentemente, el ferrocarril se quedó sin frenos y embistió el parachoque de la estación terminal de Once.
Las autoridades esperan el testimonio del maquinista, quien resultó herido, para aclarar las circunstancias del accidente.
“Son 48 mayores y un menor”, afirmó el vocero de la Federal, Fernando Sostre. Minutos antes, el director de Defensa Civil del Gobierno porteño, Daniel Russo, había elevado el número de heridos a 600, 50 de los cuales están graves. La investigación del hecho quedó al cargo del juez federal Claudio Bonadío y del fiscal Federico Delgado. Es el tercer accidente ferroviario más grave en la historia de la ciudad de Buenos Aires.
La empresa de Transporte de Buenos Aires (TBA), responsable del servicio, hizo público un comunicado en el que afirma que el accidente “se produjo por motivos no establecidos y se están realizando tareas de investigación”.
Dirigentes del sindicato ferroviario se apresuraron a denunciar que el convoy accidentado es un Toshiba de 40 a 50 años de antigüedad, además del deterioro del sistema de trenes argentino por falta de inversiones y mantenimiento.
Las causas. Los testigos relataron que el accidente ocurrió cuando el convoy ferroviario, de la línea Sarmiento, que iba repleto de pasajeros, no pudo frenar al llegar a la estación Once e impactó contra el sistema de amortiguación del andén.
Decenas de ambulancias y bomberos trabajaron en el lugar para socorrer a las personas que quedaron atrapadas, en especial en los tres primeros vagones, según el portal clarin.com.ar.
El maquinista fue rescatado de la locomotora después de media hora de trabajo de los socorristas, según las imágenes de la televisión.
Los heridos, en su mayoría con contusiones, fracturas, problemas respiratorios y cortes, fueron rescatados por bomberos y policías y trasladados, en ambulancias y helicópteros, a distintos hospitales.
El hecho. Las impactantes imágenes del accidente, captadas por la cámara de la estación de Once, muestran cómo después del choque el segundo vagón se empotró literalmente en el primero y aprisionó a decenas de personas. Más de un centenar de ambulancias y dos helicópteros participaron en las tareas de rescate para evacuar a los heridos a distintos hospitales de la ciudad. Los equipos de rescate trabajaron durante más de cuatro horas en la estación y tuvieron que cortar los techos de los vagones para evacuar a las víctimas.
El accidente de la línea sarmiento se convirtió en el tercero más grave en la historia de los trenes argentinos. El peor accidente de trenes en el área metropolitana ocurrió el 1 de febrero de 1970, en el partido de Tigre, en el que murieron 200 personas y 500 resultaron heridas por el choque de un tren que venía de Tucumán con otro que iba de Zárate a Retiro y se había detenido por desperfectos técnicos. El segundo sucedió en 1978 en Santa Fe, donde 55 personas murieron y 56 resultaron heridas cuando un tren que iba de Tucumán a Buenos Aires embistió a un camión. Ayer, un tren del Sarmiento no frenó y embistió el andén 2 de la terminal del barrio porteño de Once. Oficialmente, el choque dejó 49 muertos y más de 600 heridos.
Los heridos se desparramaron por el hall del andén y pedían ayuda sin poder moverse. Las ambulancias no daban abasto para trasladarlos. Decenas de vehículos del SAME (bomberos) llegaron al lugar para auxiliar a las víctimas.
EL GERENTE GENERAL deL SANATORIO SAGRADO CORAZÓN, Daniel Caso, informó a la red Erbol que se recibió en este centro de Buenos Aires a dos personas de nacionalidad boliviana que resultaron heridas en el accidente de trenes. “No tengo la lista de fallecidos, porque eso lo maneja únicamente el Gobierno (de Argentina). Sólo podemos decir que entre los 30 pacientes derivados que recibimos hay dos personas de nacionalidad boliviana”.
Al menos 48 personas mayores y una menor de edad murieron ayer por la mañana y unas 600 resultaron heridas cuando un tren, que transportaba entre 800 a 1.000 pasajeros, se descarriló en una de las tres estaciones ferroviarias más concurridas de Buenos Aires, según información de Defensa Civil. Aparentemente, el ferrocarril se quedó sin frenos y embistió el parachoque de la estación terminal de Once.
Las autoridades esperan el testimonio del maquinista, quien resultó herido, para aclarar las circunstancias del accidente.
“Son 48 mayores y un menor”, afirmó el vocero de la Federal, Fernando Sostre. Minutos antes, el director de Defensa Civil del Gobierno porteño, Daniel Russo, había elevado el número de heridos a 600, 50 de los cuales están graves. La investigación del hecho quedó al cargo del juez federal Claudio Bonadío y del fiscal Federico Delgado. Es el tercer accidente ferroviario más grave en la historia de la ciudad de Buenos Aires.
La empresa de Transporte de Buenos Aires (TBA), responsable del servicio, hizo público un comunicado en el que afirma que el accidente “se produjo por motivos no establecidos y se están realizando tareas de investigación”.
Dirigentes del sindicato ferroviario se apresuraron a denunciar que el convoy accidentado es un Toshiba de 40 a 50 años de antigüedad, además del deterioro del sistema de trenes argentino por falta de inversiones y mantenimiento.
Las causas. Los testigos relataron que el accidente ocurrió cuando el convoy ferroviario, de la línea Sarmiento, que iba repleto de pasajeros, no pudo frenar al llegar a la estación Once e impactó contra el sistema de amortiguación del andén.
Decenas de ambulancias y bomberos trabajaron en el lugar para socorrer a las personas que quedaron atrapadas, en especial en los tres primeros vagones, según el portal clarin.com.ar.
El maquinista fue rescatado de la locomotora después de media hora de trabajo de los socorristas, según las imágenes de la televisión.
Los heridos, en su mayoría con contusiones, fracturas, problemas respiratorios y cortes, fueron rescatados por bomberos y policías y trasladados, en ambulancias y helicópteros, a distintos hospitales.
El hecho. Las impactantes imágenes del accidente, captadas por la cámara de la estación de Once, muestran cómo después del choque el segundo vagón se empotró literalmente en el primero y aprisionó a decenas de personas. Más de un centenar de ambulancias y dos helicópteros participaron en las tareas de rescate para evacuar a los heridos a distintos hospitales de la ciudad. Los equipos de rescate trabajaron durante más de cuatro horas en la estación y tuvieron que cortar los techos de los vagones para evacuar a las víctimas.
El accidente de la línea sarmiento se convirtió en el tercero más grave en la historia de los trenes argentinos. El peor accidente de trenes en el área metropolitana ocurrió el 1 de febrero de 1970, en el partido de Tigre, en el que murieron 200 personas y 500 resultaron heridas por el choque de un tren que venía de Tucumán con otro que iba de Zárate a Retiro y se había detenido por desperfectos técnicos. El segundo sucedió en 1978 en Santa Fe, donde 55 personas murieron y 56 resultaron heridas cuando un tren que iba de Tucumán a Buenos Aires embistió a un camión. Ayer, un tren del Sarmiento no frenó y embistió el andén 2 de la terminal del barrio porteño de Once. Oficialmente, el choque dejó 49 muertos y más de 600 heridos.
Los heridos se desparramaron por el hall del andén y pedían ayuda sin poder moverse. Las ambulancias no daban abasto para trasladarlos. Decenas de vehículos del SAME (bomberos) llegaron al lugar para auxiliar a las víctimas.
EL GERENTE GENERAL deL SANATORIO SAGRADO CORAZÓN, Daniel Caso, informó a la red Erbol que se recibió en este centro de Buenos Aires a dos personas de nacionalidad boliviana que resultaron heridas en el accidente de trenes. “No tengo la lista de fallecidos, porque eso lo maneja únicamente el Gobierno (de Argentina). Sólo podemos decir que entre los 30 pacientes derivados que recibimos hay dos personas de nacionalidad boliviana”.
El "ferrocidio" argentino
El proyecto de "tren bala" abortó temprano, a golpes de la crisis financiera mundial. Mientras, los trabajadores porteños siguen viajando a sus tareas apretados como sardinas enlatadas, en trenes viejos con más de medio siglo de uso. Sin embargo, el Gobierno de la presidenta peronista Cristina Fernández, viuda de Kirchner, no se priva de montar propaganda política sobre esos convoyes.
Los mismos trenes de la línea Sarmiento que sufren accidentes por encontrarse ya obsoletos -este miércoles causaron una tragedia con al menos 50 muertos y 676 heridos- lucen a los costados gigantografías proselitistas. Son fotos del fallecido presidente peronista Néstor Kirchner (2003-2007) y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, abrazados. Al lado se lee ´Sudamérica Unida´, escrito prolijamente.
Ese ´graffiti´ de propaganda política también puede verse en los trenes de doble piso ´V4´ de la misma línea, cuatro convoyes en total, que aún siendo los más modernos, paradójicamente, la empresa no los pone a rodar en las horas punta.
Muchos usuarios optan por la ironía y han bautizado a esta línea ferroviaria como "el Expreso pingüino-bolivariano", mofándose de la lentitud del servicio y en referencia a los apodos respectivos de Kirchner y el presidente venezolano. En los últimos 12 meses, siete accidentes sobre las vías y pasos de vehículos han dejado 72 muertos y 700 heridos.
Esta decadencia de la red de ferrocarriles argentinos choca de bruces con su pasado. El 29 de agosto de 1857 se puso en marcha en Buenos Aires el primer tren de Latinoamérica. Su locomotora a vapor tuvo por nombre ´La Porteña´. Unía 10 kilómetros del centro de Buenos Aires al barrio Flores. Al evento asistieron 60.000 vecinos.
Argentina es seis veces más extensa que España y en el siglo XIX estaba prácticamente despoblada, por lo que requería imperiosamente de un sistema de transportes que vertebrara la Nación y llevara a la gente y a las mercancías, sobre todo en la llanura de la Pampa, núcleo productivo del país.
Así pues, una red ferroviaria en forma de pulpo se fue extendiendo con sus tentáculos en las ricas provincias agropecuarias y la cabecera en Buenos Aires, puerto de embarque de carnes, granos y cueros hacia Gran Bretaña, que en el siglo XIX y hasta 1930 actuaba como una metrópoli comercial.
Los Ferrocarriles del Estado crecieron a toda máquina y llegaron a contar en los años 40 hasta con 47.000 kilómetros de vías por todo el país, una de las mayores redes del mundo. Cubrían una superficie equivalente a Europa occidental, dando vida a 2.085 ciudades y pueblos, desde la helada Patagonia austral hasta las templadas cataratas subtropicales de Iguazú. Y permitían trabajar a 220.000 ingenieros y técnicos.
Pero tras la ola neoliberal de los años 90, con privatizaciones de empresas públicas durante el gobierno del peronista Carlos Menem (1989-1999), las vías operables se redujeron siete veces, a 7.000 kilómetros, dejando 870 pueblos fantasmas y 135.000 empleados ferroviarios en la calle. Muchos ciudadanos llaman a esa sangría "el ferrocidio" argentino.
Los mismos trenes de la línea Sarmiento que sufren accidentes por encontrarse ya obsoletos -este miércoles causaron una tragedia con al menos 50 muertos y 676 heridos- lucen a los costados gigantografías proselitistas. Son fotos del fallecido presidente peronista Néstor Kirchner (2003-2007) y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, abrazados. Al lado se lee ´Sudamérica Unida´, escrito prolijamente.
Ese ´graffiti´ de propaganda política también puede verse en los trenes de doble piso ´V4´ de la misma línea, cuatro convoyes en total, que aún siendo los más modernos, paradójicamente, la empresa no los pone a rodar en las horas punta.
Muchos usuarios optan por la ironía y han bautizado a esta línea ferroviaria como "el Expreso pingüino-bolivariano", mofándose de la lentitud del servicio y en referencia a los apodos respectivos de Kirchner y el presidente venezolano. En los últimos 12 meses, siete accidentes sobre las vías y pasos de vehículos han dejado 72 muertos y 700 heridos.
Esta decadencia de la red de ferrocarriles argentinos choca de bruces con su pasado. El 29 de agosto de 1857 se puso en marcha en Buenos Aires el primer tren de Latinoamérica. Su locomotora a vapor tuvo por nombre ´La Porteña´. Unía 10 kilómetros del centro de Buenos Aires al barrio Flores. Al evento asistieron 60.000 vecinos.
Argentina es seis veces más extensa que España y en el siglo XIX estaba prácticamente despoblada, por lo que requería imperiosamente de un sistema de transportes que vertebrara la Nación y llevara a la gente y a las mercancías, sobre todo en la llanura de la Pampa, núcleo productivo del país.
Así pues, una red ferroviaria en forma de pulpo se fue extendiendo con sus tentáculos en las ricas provincias agropecuarias y la cabecera en Buenos Aires, puerto de embarque de carnes, granos y cueros hacia Gran Bretaña, que en el siglo XIX y hasta 1930 actuaba como una metrópoli comercial.
Los Ferrocarriles del Estado crecieron a toda máquina y llegaron a contar en los años 40 hasta con 47.000 kilómetros de vías por todo el país, una de las mayores redes del mundo. Cubrían una superficie equivalente a Europa occidental, dando vida a 2.085 ciudades y pueblos, desde la helada Patagonia austral hasta las templadas cataratas subtropicales de Iguazú. Y permitían trabajar a 220.000 ingenieros y técnicos.
Pero tras la ola neoliberal de los años 90, con privatizaciones de empresas públicas durante el gobierno del peronista Carlos Menem (1989-1999), las vías operables se redujeron siete veces, a 7.000 kilómetros, dejando 870 pueblos fantasmas y 135.000 empleados ferroviarios en la calle. Muchos ciudadanos llaman a esa sangría "el ferrocidio" argentino.
El tren entró a la estación a 20 km/hora
El tren "entró a la estación a una velocidad de 20 kilómetros por hora y embistió el paragolpe", sin frenar, por causas que se investigan, describió el accidente el secretario de Transporte del gobierno federal, Juan Pablo Schiavi.
La línea Sarmiento opera con intensidad en una distancia de hasta 70 kilómetros y transporta a diario a cerca de medio millón de personas. Más de 20 ambulancias del servicio de emergencias metropolitanas fueron incorporadas a los rescates y los heridos más graves eran trasladados en un helicóptero de la policía que aterrizó en la plaza Once, frente a la estación.
La línea Sarmiento opera con intensidad en una distancia de hasta 70 kilómetros y transporta a diario a cerca de medio millón de personas. Más de 20 ambulancias del servicio de emergencias metropolitanas fueron incorporadas a los rescates y los heridos más graves eran trasladados en un helicóptero de la policía que aterrizó en la plaza Once, frente a la estación.
'Mucha gente desmayada y herida'
Sentimos el golpe y toda la gente quedó una arriba de la otra, el tren estaba muy cargado", contó un pasajero tras el accidente ferroviario y señaló que dentro de la formación aún "hay mucha gente herida, desmayada y golpeada".
El hombre estaba aliviado porque según contó "yo siempre vengo en el primer vagón, pero justo esta vez me puse en el medio y ahí no fue tanto" el impacto del tren contra los frenos de la estación terminal Once, en pleno centro de Buenos Aires.
"Los primeros tres vagones quedaron uno arriba de otro. Estoy un poco nerviosa, hay gente atrapada, las puertas no se abrían y tuvimos que salir por las ventanas", explicó Paula, otra pasajera, a la televisión argentina.
Condolencias de la Embajada boliviana. "La Embajada del Estado Plurinacional de Bolivia en la República Argentina, a tiempo de lamentar el accidente ferroviario informa que funcionarios de esa Embajada y del Consulado General de Bolivia en Buenos Aires "vienen realizando trabajos de búsqueda e identificación para descartar o confirmar la existencia de compatriotas bolivianos entre las víctimas fatales".
Por otra parte, informó que entre los desaparecidos figura Nayda Tatiana Lezano Alandia, funcionaria del Consulado General de Bolivia.
"Esta Embajada proporcionará la información sobre las personas desaparecidas en cuanto se cuente con la información oficial y fidedigna correspondiente", remarca el comunicado.
Otros testimonios. "Nos estábamos preparando para bajar porque el tren estaba disminuyendo la velocidad, y sentimos que frenó de golpe y el segundo vagón era como si se plegara sobre el primero. La gente se me venía encima, estaba aprisionado", explicó el pasajero, quien se identificó solo como Marcelo.
"Gracias a Dios la puedo contar", agregó este pasajero del primero de los ocho vagones que componían el convoy accidentado.
"Venía parada y se cayeron todos, todo el mundo estaba desesperado, todos querían salir pero no se podía. Fue como un terremoto", relató otra de las viajeras.
"Sentí un golpe muy fuerte y me sentí volando. Caí sobre mucha gente y de repente un muchacho me ayudó a salir”, relató David Molina, de 24 años, un vendedor.
El hombre estaba aliviado porque según contó "yo siempre vengo en el primer vagón, pero justo esta vez me puse en el medio y ahí no fue tanto" el impacto del tren contra los frenos de la estación terminal Once, en pleno centro de Buenos Aires.
"Los primeros tres vagones quedaron uno arriba de otro. Estoy un poco nerviosa, hay gente atrapada, las puertas no se abrían y tuvimos que salir por las ventanas", explicó Paula, otra pasajera, a la televisión argentina.
Condolencias de la Embajada boliviana. "La Embajada del Estado Plurinacional de Bolivia en la República Argentina, a tiempo de lamentar el accidente ferroviario informa que funcionarios de esa Embajada y del Consulado General de Bolivia en Buenos Aires "vienen realizando trabajos de búsqueda e identificación para descartar o confirmar la existencia de compatriotas bolivianos entre las víctimas fatales".
Por otra parte, informó que entre los desaparecidos figura Nayda Tatiana Lezano Alandia, funcionaria del Consulado General de Bolivia.
"Esta Embajada proporcionará la información sobre las personas desaparecidas en cuanto se cuente con la información oficial y fidedigna correspondiente", remarca el comunicado.
Otros testimonios. "Nos estábamos preparando para bajar porque el tren estaba disminuyendo la velocidad, y sentimos que frenó de golpe y el segundo vagón era como si se plegara sobre el primero. La gente se me venía encima, estaba aprisionado", explicó el pasajero, quien se identificó solo como Marcelo.
"Gracias a Dios la puedo contar", agregó este pasajero del primero de los ocho vagones que componían el convoy accidentado.
"Venía parada y se cayeron todos, todo el mundo estaba desesperado, todos querían salir pero no se podía. Fue como un terremoto", relató otra de las viajeras.
"Sentí un golpe muy fuerte y me sentí volando. Caí sobre mucha gente y de repente un muchacho me ayudó a salir”, relató David Molina, de 24 años, un vendedor.
La boliviana que murió en choque de tren en Argentina estaba embarazada
La boliviana Nayda Tatiana Lezano Alandia que falleció en el accidente de tren que ocurrió ayer en Buenos Aires, tenía 33 años y un embarazo de seis meses, según confirmaron hoy desde Argentina a radio Erbol.
Oriunda de Sucre, Lezano vivía en Buenos Aires desde hace ocho años. Era abogada y trabajaba en el Consulado boliviano desde hace un año atrás. Deja tres hijos en la orfandad.
Ayer, la embajada de Bolivia en Argentina emitió un comunicado en el que señalaba que no podía conseguir datos sobre posibles víctimas bolivianas del accidente debido a que autoridades de ese país aún no emitían listas oficiales.
En la misma nota señalaba que Nayda Tatiana Lezano Arandia -funcionaria del consulado boliviano en Buenos Aires, de quien no se aclara la nacionalidad- figuraba como desaparecida.
En tanto, tres bolivianos resultaron heridos: Nicolasa Maidana de 54 años y Mireya del Pilar Vedia Ramos de 23 ya fueron dadas de alta, mientras Elbio Condori de 29 años continúa en el hospital de Rivadavia, pero está fuera de peligro, señaló Lilian Camacho desde Buenos Aires a Erbol.
Según la agencia ANSA, más de 10 personas están desaparecidas tras el accidente ferroviario que ayer causó la muerte de otras 50 y heridas a 676 en la ciudad de Buenos Aires, donde los familiares recorren hospitales y morgues en su búsqueda desesperada, a casi 24 horas de la tragedia.
Familiares explicaron a los medios de comunicación locales que en las morgues existe un registro fotográfico de las víctimas, pero que las personas que buscan no figuran en él ni en las listas de hospitales.
Las autoridades locales estiman que algunas personas pueden haber sido derivadas a clínicas privadas o permanecer en estado de shock, sin poder identificarse.
Ayer a las 8:32 hora local (11.32 GMT) un tren de la línea Sarmiento chocó al llegar a la estación de Once, a 2 kilómetros de Plaza de mayo, sin frenos y provocó la tragedia.
Se calcula que más de 100 personas viajaban en cada uno de los ocho vagones de la formación, en una de las horas de mayor afluencia de pasajeros.
El gobierno decretó dos días de luto nacional por la peor tragedia ferroviaria de la historia en la ciudad de Buenos Aires y la presidenta, Cristina Fernández, suspendió los actos públicos.
Oriunda de Sucre, Lezano vivía en Buenos Aires desde hace ocho años. Era abogada y trabajaba en el Consulado boliviano desde hace un año atrás. Deja tres hijos en la orfandad.
Ayer, la embajada de Bolivia en Argentina emitió un comunicado en el que señalaba que no podía conseguir datos sobre posibles víctimas bolivianas del accidente debido a que autoridades de ese país aún no emitían listas oficiales.
En la misma nota señalaba que Nayda Tatiana Lezano Arandia -funcionaria del consulado boliviano en Buenos Aires, de quien no se aclara la nacionalidad- figuraba como desaparecida.
En tanto, tres bolivianos resultaron heridos: Nicolasa Maidana de 54 años y Mireya del Pilar Vedia Ramos de 23 ya fueron dadas de alta, mientras Elbio Condori de 29 años continúa en el hospital de Rivadavia, pero está fuera de peligro, señaló Lilian Camacho desde Buenos Aires a Erbol.
Según la agencia ANSA, más de 10 personas están desaparecidas tras el accidente ferroviario que ayer causó la muerte de otras 50 y heridas a 676 en la ciudad de Buenos Aires, donde los familiares recorren hospitales y morgues en su búsqueda desesperada, a casi 24 horas de la tragedia.
Familiares explicaron a los medios de comunicación locales que en las morgues existe un registro fotográfico de las víctimas, pero que las personas que buscan no figuran en él ni en las listas de hospitales.
Las autoridades locales estiman que algunas personas pueden haber sido derivadas a clínicas privadas o permanecer en estado de shock, sin poder identificarse.
Ayer a las 8:32 hora local (11.32 GMT) un tren de la línea Sarmiento chocó al llegar a la estación de Once, a 2 kilómetros de Plaza de mayo, sin frenos y provocó la tragedia.
Se calcula que más de 100 personas viajaban en cada uno de los ocho vagones de la formación, en una de las horas de mayor afluencia de pasajeros.
El gobierno decretó dos días de luto nacional por la peor tragedia ferroviaria de la historia en la ciudad de Buenos Aires y la presidenta, Cristina Fernández, suspendió los actos públicos.
Crónica del rescate; muertos y fierros retorcidos
Habían pasado tres horas desde que el tren de cercanías se estrelló contra la cabecera del andén de la estación de Once. Los heridos leves habían salido por sí solos y los más graves esperaban la ayuda de los bomberos y del personal de emergencia.
Eran las 11.30. Los gritos y las corridas pidiendo paso no paraban en el hall de la estación. “¡Silencio! ¡Silencio!”, empezaron a gritar de golpe y dentro de los vagones. Los rescatistas tenían la peor tarea: identificar si las víctimas que aún estaban allí seguían con vida. No hubo respuesta.
Antesala del infierno
“Fue el peor momento de la tragedia. La antesala del infierno. Uno a uno, los cuerpos fueron sacados de entre los hierros torcidos en bolsas negras. Primero fue uno solo, en medio del traslado de los heridos del final. Luego, otro. Y uno más. Y otro más. Y otro. Cinco seguidos y la antesala de un número que parecía no terminar”, escribió la periodista María Arce en la edición digital del diario Clarín.
“Las camillas esperaban vacías que apareciera un herido. Pero no. Estaban todos muertos. Seis, siete, ocho, nueve' El personal del SAME (sanitarios) comenzó a dispersarse y fue remplazado por oficiales de Policía que en vez de guantes y estetoscopios llevaban en sus manos más bolsas negras”.
“Diez, once, doce y seguía creciendo el número de fallecidos. Las caras de los empleados del tren se iban desfigurando. Los policías entraban sigilosos al vagón, desplegaban las bolsas con cuidado y envolvían lentamente los cuerpos. Después salían rápido hacia el final del andén, por la parte de atrás de la estación. Casi a hurtadillas. Se iban con el horror a cuestas, tratando de ocultarlo”, describe Arce.
Pero allí no terminó el caos. “¡Rojo, rojo! (herido grave)”, se escuchaba gritar al pie de una de las escalinatas de acceso a la estación a un médico del servicio público de emergencia SAME, encargado de ordenar por colores, de acuerdo a la gravedad de los casos, la salida de heridos.
Los heridos más graves eran llevados en camilla por la calle, cortada al tránsito, hasta uno de los dos helicópteros para trasladarlos a los hospitales, mientras que los valorados con código amarillo, menos graves, partían en alguna de las veintenas de ambulancias que fueron y vinieron toda la mañana.
El desastre desnudó falencias
Según periodistas y analistas de diferentes medios argentinos, la Policía el gobierno local y otras instancias se vieron desbordados por la tragedia.
Para Ricardo Lafauci, “desastres como este ponen de manifiesto la fragilidad de un sistema ferroviario obsoleto, pobre y carente de todo tipo de previsión y mantenimiento adecuado a las necesidades de miles de usuarios al día. Es la demostración de la eterna incapacidad argentina para prevenir”.
Su colega, Valentín Díaz Aroca, definió la tragedia de Once como “un pandemonio que creíamos reservado al cine en 3D y que dejó abierta la interrogante sobre la seguridad vial”.
De acuerdo con el diario Clarín “las autoridades no cuentan con un plan de contingencia adecuado para reaccionar con prontitud en casos como éste”.
El Gobierno de la ciudad habilitó un teléfono de información sobre el paradero de los pasajeros y los medios locales difundieron las listas de los heridos recibidos en hospitales. Pero no fue suficiente.
“Como no había una lista oficial de víctimas, los familiares rompieron el dispositivo de seguridad exigiendo respuestas e información que nadie podía darles”, sostuvo Ernesto Carulla, de Radio Mitre, para quien este accidente “obliga a replantear el estado de los servicios ferroviarios del país, pero sobre todo de la capital”.
Desastres ferroviarios en 10 años
Egipto En 2002, 361 personas murieron en el incendio de un tren en El Cairo.
Mozambique En 2003, un descarrilamiento provocó más de 190 muertos.
Norcorea En 2005, la colisión de dos trenes causó la muerte de 150 personas.
India En 2011, el descarrilamiento de un tren provocó la muerte de 69 pasajeros.
Eran las 11.30. Los gritos y las corridas pidiendo paso no paraban en el hall de la estación. “¡Silencio! ¡Silencio!”, empezaron a gritar de golpe y dentro de los vagones. Los rescatistas tenían la peor tarea: identificar si las víctimas que aún estaban allí seguían con vida. No hubo respuesta.
Antesala del infierno
“Fue el peor momento de la tragedia. La antesala del infierno. Uno a uno, los cuerpos fueron sacados de entre los hierros torcidos en bolsas negras. Primero fue uno solo, en medio del traslado de los heridos del final. Luego, otro. Y uno más. Y otro más. Y otro. Cinco seguidos y la antesala de un número que parecía no terminar”, escribió la periodista María Arce en la edición digital del diario Clarín.
“Las camillas esperaban vacías que apareciera un herido. Pero no. Estaban todos muertos. Seis, siete, ocho, nueve' El personal del SAME (sanitarios) comenzó a dispersarse y fue remplazado por oficiales de Policía que en vez de guantes y estetoscopios llevaban en sus manos más bolsas negras”.
“Diez, once, doce y seguía creciendo el número de fallecidos. Las caras de los empleados del tren se iban desfigurando. Los policías entraban sigilosos al vagón, desplegaban las bolsas con cuidado y envolvían lentamente los cuerpos. Después salían rápido hacia el final del andén, por la parte de atrás de la estación. Casi a hurtadillas. Se iban con el horror a cuestas, tratando de ocultarlo”, describe Arce.
Pero allí no terminó el caos. “¡Rojo, rojo! (herido grave)”, se escuchaba gritar al pie de una de las escalinatas de acceso a la estación a un médico del servicio público de emergencia SAME, encargado de ordenar por colores, de acuerdo a la gravedad de los casos, la salida de heridos.
Los heridos más graves eran llevados en camilla por la calle, cortada al tránsito, hasta uno de los dos helicópteros para trasladarlos a los hospitales, mientras que los valorados con código amarillo, menos graves, partían en alguna de las veintenas de ambulancias que fueron y vinieron toda la mañana.
El desastre desnudó falencias
Según periodistas y analistas de diferentes medios argentinos, la Policía el gobierno local y otras instancias se vieron desbordados por la tragedia.
Para Ricardo Lafauci, “desastres como este ponen de manifiesto la fragilidad de un sistema ferroviario obsoleto, pobre y carente de todo tipo de previsión y mantenimiento adecuado a las necesidades de miles de usuarios al día. Es la demostración de la eterna incapacidad argentina para prevenir”.
Su colega, Valentín Díaz Aroca, definió la tragedia de Once como “un pandemonio que creíamos reservado al cine en 3D y que dejó abierta la interrogante sobre la seguridad vial”.
De acuerdo con el diario Clarín “las autoridades no cuentan con un plan de contingencia adecuado para reaccionar con prontitud en casos como éste”.
El Gobierno de la ciudad habilitó un teléfono de información sobre el paradero de los pasajeros y los medios locales difundieron las listas de los heridos recibidos en hospitales. Pero no fue suficiente.
“Como no había una lista oficial de víctimas, los familiares rompieron el dispositivo de seguridad exigiendo respuestas e información que nadie podía darles”, sostuvo Ernesto Carulla, de Radio Mitre, para quien este accidente “obliga a replantear el estado de los servicios ferroviarios del país, pero sobre todo de la capital”.
Desastres ferroviarios en 10 años
Egipto En 2002, 361 personas murieron en el incendio de un tren en El Cairo.
Mozambique En 2003, un descarrilamiento provocó más de 190 muertos.
Norcorea En 2005, la colisión de dos trenes causó la muerte de 150 personas.
India En 2011, el descarrilamiento de un tren provocó la muerte de 69 pasajeros.
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